TRAFICANTES DE POETAS

 TRAFICANTES DE POETAS



De tanto comercio de todo y para todo cliente, no podía faltar el de hacer dinero con los poetas. Se hacen llamar gestores culturales, lo hay de carrera, empíricos y piratas. Entre los primeros existen los excelentes, cuya ética y razón de ser es promover la cultura, el patrimonio, el arte y a los artistas, estos son los indispensables y para ellos va mi respeto. Pero hay otros, y no pocos, fundadores de algún colectivo, expertos en gestionar recursos con instituciones públicas o privadas, o ambas al mismo tiempo; a nivel internacional, nacional, departamental, municipal...; programan eventos con participación de músicos como espectáculo de gancho, y los poetas, no tan espectaculares pero sí revestidos de profundidad, entran en acción bajo la consigna de bailar en la "fiesta de la palabra", título que ya es lugar común. 

Sabemos que ningún músico trabaja gratis, su profesión y su arte son respetados a la hora de contratarlos. ¿Pero, y los poetas...? Solo se les ofrece una foto colectiva, un refrigerio y un certificado para su hoja de vida. Para muchos, los certificados toman categoría de pago. Lo anterior ocurre en el mejor de los casos, pues muchas veces no merece ni una botella de agua, como si el poeta fuera un cuerpo glorioso que no gasta saliva al recitar o leer sus poemas; tampoco merece que se le den los pasajes y mucho menos comprar sus libros. Este último gesto es el más meritorio para cualquier poeta; que su anfitrión se meta la mano al dril y compre su obra, aunque tenga en cuenta las premisas de calidad y olfato libresco. 

Ah, y el refrigerio; muchos preguntan si el evento va a tener refrigerio, elemento que se ha instalado en el colectivo de la poetamenta como único pago a su labor, y los gestores han aprendido a manejarlo como gustativa moneda y casi siempre no pasa de un sanduche con un juguito en cajita de cartón.
Los gestores de marras saben a quienes convocan, deben ser poetas más o menos conocidos y en ningún caso pesos pesados, cuya participación exige hotel, pasaje aereo y pago generoso, si es de otra ciudad, tal como ocurre en los grandes festivales internacionales de poesía, pero este es otro cuento y otros son los vicios.

Existen fundaciones, corporaciones, instituciones y otros colectivos con propósitos ecológicos, sociales, políticos,  de paz, feministas, defensa de derechos humanos... que forman festivales de poesía y le exigen al poeta componer poema alusivo a sus intereses,  en estos casos la poesía y los poetas son segundones, elementos decorativos, publicidad, pura razón utilitarista de las artes poéticas, sin embargo, y paradójicamente, con su universalidad y polisemia, los poetas representan todas las profesiones, formas de ser, gozar y padecer de los seres humanos, más la virtud de hacer hablar el inconsciente en voz alta y ser el grito de los que ni siquiera pueden susurrar. La mayoría de festivales internacionales de poesía son temáticos, pero el poeta es libre de presentarse con su repertorio   universal, no es necesario darle instrucciones temáticas o participativas, so pena de volverlo predicativo, mesiánico, panfletario, henchido de juicios de valores o de sentencias moralistas... Ya lo decía Juan Manuel Roca en uno de sus ensayos: "intentar cambiar la realidad con poesía es como intentar descarrilar un tren atravesándole una rosa en la carrilera", sin embargo, también nos da a entender que sin poesía iríamos por el mundo como zombies, como autómatas entre los tarascones de la idiotización imperante, incapaces de soportar la realidad por tragar tan entero.

Volviendo al tema de los pagos,  hay colegios que invitan poetas locales pensando que es una imperiosa obligación llevar a los estudiantes sus cantos, y hasta se enojan si se les solicita los pasajes o la compra de sus libros para la biblioteca o material de trabajo en las clases de español. Hay meritorias excepciones, dónde el poeta es bien recibido, se le hace una presentación honrosa, se le compran sus libros, se le invita a almorzar o se le da una botella de vino... así es como debe ser para que los estudiantes se den cuenta que un poeta es alguien común y corriente, que usa bluyines, calza tenis y se le debe pagar como meritorio obrero de las palabras, y que son personajes vivos y presentes y no seres extintos cuyas biografías estudian en los textos escolares. 

Con relación a las Casas de la Cultura, es explicable que sus grupos de proyección tengan las exigencias logísticas necesarias y los consabidos refrigerios, en este caso, se supone que la puesta en escena de los artistas en formación, es una retribución al entrenamiento que reciben, sin embargo, y como elemento de aprendizaje, deberían contar con un presupuesto de pagos, aunque sea simbólico, sería un importante gesto pedagógico y de estímulo para que los artistas aprendan a valorar su trabajo.
Decíamos que para muchos poetas (en especial los primerizos), los certificados cobran importancia de diplomas. Si bien el ego forma parte del acontecer escritural, se vuelve patético volcarlo en un certificado.

Tal vez en su momento de pichón medio emplumado, el poeta se regale al peor postor y su ego se vea compensado en presentaciones de medio pelo, pero deberá saber que si abraza el mundo de las letras como forma de vida, tendrá que valorar su arte como los dioses mandan.

De la poesía no se vive, es la manida sentencia que da el golpe de gracia a la situación mendicante de muchos y a lo cual se le suma un supuesto, real o imaginario malditismo.
Los traficantes de poetas van más allá del ámbito local y ofrecen paquetes con pasaje aéreos; hotel, fotografía,  entrevista ante camaras, leer ante micrófonos dos o tres poemas, recibir aplausos y recibir el certificado de participación para que el neófito poeta regresa a casita, plasme el evento en su incipiente hoja de vida o ajuste la colección de los mismos en su vanidoteca y una vez más, sienta que se gradúa de bardo. Puro turismo literario, puro ego que le cuesta al implicado pagar hasta el último centavo 

Ya las universidades ofrecen la carrera de profesionalización en creación literaria, presencial o virrual. Cómo profesionalizar la creación literaria, un arte que pretende desarrollarse gratis. ¿Es posible enseñar a escribir literatura? Cómo enseñar la imaginación, el talento, la experiencia de la vida, la observación, la pasión, el asombro, la sensibilidad... Cómo enseñar la disciplina por las cosas que nos gusta sin recurrir a órdenes y tareas impuestas desde algún estímulo, incluso los pedagógicos. Por lo menos en los talleres (no en todos) la academia cede ante la consigna de aprender haciendo y se campea más en enamorar, sensibilizar a los participantes a qué lean y amén los libros... Es un reino de quijotadas y utopías, una aventura donde es necesario  distinguir la explotación y la estupidez en medio de un liberalismo rampante que está convirtiendo el arte y la cultura  en jugosas industrias del entretenimiento, la estupidización sin límites, este sí que es otro cuento.
Amanecerá y leeremos.

Rafael Aguirre

Comentarios

  1. Rafael, muy interesante y apropiado el tema para la realidad de quienes escribimos actualmente y somos utilizados como "elementos decorativos, en jugosas industrias del entretenimiento y la estupidización sin límites" "¿Es posible enseñar a escribir literatura?" Le comparto esta opinión sobre su pregunta de Rafael Azuar:

    Por tanto, no sé si un taller literario es el mejor espacio para enseñar, para aprender, pero sí puede serlo para envenenar y apasionarse, lo cual, y sobre esto no me cabe la menor duda, son los pasos más adecuados para iniciar la aventura: la «aventura literaria», que decía Rafael Azuar [http://www.cervantesvirtual.com/FichaAutor.html? Ref=6082].



    Rafael González "Por tanto, no sé si un taller literario es el mejor espacio para enseñar, para aprender, pero sí puede serlo para envenenar y apasionarse, lo cual, y sobre esto no me cabe la menor duda, son los pasos más adecuados para iniciar la aventura: la «aventura literaria»[http://www.cervantesvirtual.com/FichaAutor.html? Ref=6082]. Otra opinión de: Rafael Gonzalez:" Por tanto, ya podemos hacernos una idea más o menos precisa de qué se puede enseñar, y por lo tanto aprender, en un taller literario, sobre todo si el género al que se dedica es la narrativa de ficción. En un taller de este tipo es posible mostrar cómo se construye un cuento o una novela, incluso un guión de cine; analizar los diversos elementos de su composición, palpar en los escritos de los grandes maestros cómo bordar un narrador omnisciente o testigo, un personaje «redondo» (como diría Forster), un diálogo perfecto. Sí: eso, la técnica, es más o menos fácil de enseñar, de asimilar. Lo otro, el desarrollo del talento, es más difícil, pero no imposible. Tomado de: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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  2. Buenos días, muy interesante vuestro blog, quisiera saber si recibe escritos como donaciones. Mil gracias de antemano.

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