EL MALDITISMO DE LOS LUGARES COMUNES
Por Rafael Aguirre En mi experiencia de tallerista de Creación Literaria, oficio del que he aprendido y compartido más de lo que he brindado, se me ha dado observar demasiadas cosas en esa rara facultad humana de crear. Miremos uno de esos aspectos: Se ha vuelto lugar común maldecir, denigrar, evitar como a la peste a los lugares comunes a la hora de escribir poesía, a tal punto que por evitarlos se prefieren términos rebuscados, frases forzadas y tan forzadas que se les nota la puja. Ante todo, digamos de una vez que tras de cada renglón que escribimos, hay cinco mil años de literatura; a estas alturas de la fiesta (nuestra fiesta), es ingenuo pensar en ser originales, a lo sumo, novedosos en ese libro universal que todos escribimos, como lo advertía Borges. Para José Emilio Pacheco, «escribir es reescribir, así las cosas, los poemas no acaban de escribirse nunca». La poesía tiene el compromiso de resignificar el lenguaje, es un hecho, y lo hace con el lenguaje mismo...